Hace un par de semanas, leí un artículo en El Mundo sobre el lenguaje inclusivo.
Resulta que el Gobierno de Aragón ha publicado un manual titulado Lenguaje inclusivo con perspectiva de género.
Como bien apunta este medio, el manual indica que se debería sustituir la palabra «hombre» por otras de carácter menos sexista como «persona», «ser humano», «población» o «especie humana».
Esto evitaría los conflictos que producen frases tan famosas como «el hombre es un lobo para el hombre», de Hobbes, o que se perpetúe la utilización de esta palabra como si el mundo solo estuviese constituido por varones. Aunque es cierto que la palabra «hombre» puede hacer alusión al conjunto de varones y mujeres, también lo es que esta acepción suele tener un poso machista.
No obstante, como ya sabemos, el lenguaje evoluciona con el paso del tiempo y, ahora más que nunca, se debe manejar un lenguaje que promueva la igualdad.
Por eso me parece tan importante que se lleven a cabo medidas como estas, pues como dije en una anterior entrada, muchas veces el uso de ciertos términos no tienen su origen en un pensamiento machista (en otros casos, desgraciadamente sí), sino en un hábito que se encuentra arraigado en nosotros y que es difícil cambiar. Porque, si no lo vemos como algo pernicioso, ¿para qué vamos a darle más vueltas y cambiar lo que ya está establecido?

Sin embargo, debemos tener en cuenta las palabras de Javier Lambán (presidente de la Diputación General de Aragón) que se recogen en el mencionado artículo publicado en El Mundo:
«El lenguaje no es una mera herramienta mediante la cual expresamos y comunicamos nuestros pensamientos. El lenguaje construye nuestro pensamiento y a través de él entendemos el mundo y construimos y extendemos nuestra cultura».
Ahí está la clave, en la parte que habla de extender la cultura. No podemos perder de vista que vivimos en un mundo globalizado en el que, gracias a Internet, tenemos la posibilidad de intercambiar opiniones con gente que está a miles de kilómetros de nosotros.
Si las redes sociales y los medios se hacen eco de este tipo de noticias, es obvio que otros pueblos que no hablen el español se replantearán también su uso del lenguaje y, por lo tanto, puede que algunas conductas indebidamente arraigadas empiecen a ponerse en entredicho.
En el manual se recomienda el uso de nombres colectivos o nombres que no tengan marca de género. A continuación, resumo en esta tabla algunas de las opciones que se proponen:
| Estas palabras | Se sustituyen por estas palabras |
| Empleados | Plantilla |
| Niño/niña | Infante, criatura, infancia |
| Preso/presa | La población reclusa |
| Profesor/profesora | El claustro, el profesorado |
| Determinantes los/las | Otros determinantes o pronombres sin marca de género: cada, por ejemplo |
| Aragonés/aragonesa | El pueblo aragonés |
Lo bueno de estas fórmulas es que incluyen tanto al género masculino como al femenino sin que nadie quede en el olvido. Es más, aquellos que no se sientan identificados con el masculino ni con el femenino también verán satisfechas sus necesidades.
Como se ha visto, el lenguaje inclusivo es bueno para todos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que mucha gente se tendrá que acostumbrar a nuevas prácticas lingüísticas, lo cual exige un esfuerzo extra que muchos pueden llegar a rechazar (igual que ocurre en otros ámbitos, como por ejemplo el reciclaje).
Es más, en ocasiones, este trabajo puede parecer algo vacuo, enrevesado y sin importancia. Una tontería, vaya… Pero debemos ser conscientes de que nuestras palabras importan y de que con ellas construimos parte del mundo en el que vivimos.
Referencia:
Ortega, Javier (6 de febrero de 2019): «Un manual de lenguaje inclusivo recomienda no usar la palabra «hombre» y sustituir «niño» por «infante»». El Mundo.
