La traducción en la antiguedad

¿Alguna vez te habías preguntado cómo traducía la gente cuando no había Google Translate o ni siquiera diccionarios en papel?

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En la actualidad, todo el mundo tiene una idea de lo que es la traducción, ya sea de forma más o menos precisa.

Gracias a nuestros ordenadores y teléfonos móviles, cualquiera puede traducir un texto con tan solo un click. Esto transmite la idea de que esta tarea es rápida, inmediata y eficaz. Sin embargo, una buena traducción precisa y sin errores puede llevar muchas horas de laborioso trabajo.

Este no es el único motivo por el que la gente piensa que la traducción es un proceso moderno e instantáneo.

También ha contribuido el auge de plataformas como Netflix, que facilitan a los usuarios la posibilidad de ver una película o una serie en varios idiomas y también con diferentes opciones de subtítulos.

La traducción es un complemento más en el mundo moderno. Pero, ¿cómo era este trabajo en la antigüedad (cuando no había ni Netflix, ni Internet, ni fuentes de consulta)?

La traducción: una de las profesiones más antiguas del mundo

La traducción es una de las actividades más antiguas del mundo.

¿Por qué?

Porque el intercambio cultural siempre ha sido una de las principales necesidades del ser humano, ya sea por querer conocer lo que se escribe en otras culturas, por la obligación de entenderse con alguien que habla una lengua diferente en una situación conflictiva o por introducir técnicas y herramientas de otros pueblos.

Sería imposible evolucionar si, por ejemplo, no se hubieran traducido tratados de medicina que han ayudado a erradicar algunas de las enfermedades más graves del mundo.

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La cultura romana fue una de las más importantes a la hora de realizar traducciones.

Todos conocemos su gusto por adaptar la cultura griega y los romanos, no solo se deleitaban traduciendo literatura, sino que también fueron enormemente pragmáticos traduciendo diferentes tipos de documentos como tratados sobre agricultura o documentos oficiales, como señala Fernández Marcos.

Pero ni los griegos ni los romanos fueron los primeros en realizar traducciones…

Egipto: el pueblo pionero en traducción en la antigüedad

Como indica Beatriz Puerta en el blog de Lema Traductores, la piedra Rosetta se considera «el primer rastro de la traducción propiamente dicha».

Esta piedra, según Puerta, data aproximadamente del año 196 a. C. y se trataba de un «decreto que ensalzaba la figura del faraón Ptolomeo V […] en tres idiomas diferentes: los jeroglíficos egipcios, la escritura demótica y el griego».

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Sin embargo, igual que actualmente los traductores nos tenemos que actualizar y adaptar a los nuevos sistemas y herramientas, en el pasado había que hacer lo mismo.

Sin ir más lejos, la religión tuvo que ponerse las pilas en materia de idiomas. De este modo, la Biblia y otras escrituras de temática religiosa tuvieron que pasar del hebreo, que era el idioma oficial de la religión, al griego y, posteriormente al latín. Beatriz Puerta nos da unas pinceladas sobre la situación en esta época:

Fue posteriormente, ya en el siglo II d.C. cuando comenzaron a aparecer las primeras traducciones de los libros del Antiguo Testamento desde el griego hacia el latín, versión que se denominó Vetus Latina.

Ya en este periodo, las traducciones que encontramos tienen que ver con el ámbito religioso, y dos siglos más tarde una traducción de la Biblia será la que cambie por completo la historia de la traducción: la Vulgata.

Esta traducción de la Biblia completa llevada a cabo por San Jerónimo, patrón hoy en día de los traductores, ha sido la traducción más divulgada y la única autorizada por la Iglesia católica en su momento. Aunque modificada en algunos aspectos a través de los siglos, esta fue la versión que imprimió Gutenberg por primera vez en 1452.

Pero en la Edad Media no solo se traducían textos religiosos. En aquellos momentos, en nuestro país convivieron durante muchos siglos cristianos, arabes y judíos. Como señala Marina Temprano, la comunicación era algo imprescindible en este escenario.

El latín fue la lengua vehicular durante mucho tiempo, por lo que numerosas traducciones se llevaron a cabo al servicio de quienes quisieron disfrutar de culturas anteriores. En concreto, el saber griego llegó a la Península gracias a la traducción después de haber estado esta aislada de la cultura de Oriente Medio durante muchos años.

Este trabajo fue realizado por traductores que trabajaban en equipo, algo muy característico de las escuelas de traductores de aquella época. Allí trabajaron codo con codo judíos, árabes y cristianos para adaptar los textos en varios pasos; un judío que sabía castellano traducía del árabe y el cristiano se dedicaba entonces a traducir la nueva versión al latín.

Como veis, la traducción directa al latín no era común, con lo que podemos concluir que los textos finales contarían con numerosos malentendidos tras tanto trasvase lingüístico.

Aunque pueda sonar extraño debido a la globalización y a que es posible trabajar con gente que está en la otra punta del mundo, actualmente también sucede que no se realizan traducciones directas cuando no se encuantra a un traductor con una determinada combinación lingüística, no está disponible porque tiene otros encargos o sus tarifas no encajan con el cliente.

De este modo, en vez de traducir por ejemplo del suahili al español, se pasa por una traducción intermedia en inglés antes de llegar al texto en español por alguno de los motivos citados.

La traducción y su relación con la esclavitud

Durante la Edad Media, autores como Temprano asocian la traducción a otras prácticas como la esclavitud.

«Tuvieron un papel notable las órdenes militares, que adoptaron esclavos que les ayudarían a comunicarse con el enemigo […], esclavos apresados tras las victorias, por lo que mozárabes, hebreos o musulmanes servían en la labor comunicativa».

Algo parecido sucedió durante la conquista de América. Marina Temprano vuelve a hablarnos de esclavos durante esta etapa, lo cual no nos suena a nuevo en este contexto. Algunos de los conquistadores se hicieron con esclavos, les hicieron aprender español y los utilizaban para entenderse con otros miembros indígenas.

Ya sea por una necesidad comunicativa o por unas ganas de intercambio cultural y deseo de saber, ha quedado demostrado que la traducción ha tenido un papel fundamental a lo largo de la historia.

De hecho, en el siglo XV, la imprenta supuso un gran impulso para esta práctica, que ha ido creciendo, mejorando y perfeccionándose a lo largo de los siglos hasta la actualidad.

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Hoy en día el debate va más allá de la traducción.

El debate que se plantea es si la traducción desaparecerá y no será realizada más que por máquinas y herramientas concebidas para estos fines o si siempre será necesaria la intervención de una persona para la correcta ejecución de la práctica.

Personalmente, creo que la máquina jamás podrá sustituir al ser humano, sobre todo en especializades donde no solo es importante el texto sino la adaptación cultural como la transcreación.

Si no sabes lo que es la transcreación o si quieres conocerla un poco más a fondo, te invito a que leas este artículo en el que lo explico.

Referencias:

Fernández Marcos, Natalio. (2007). «Las traducciones en la antigüedad». Sefarad: Revista de Estudios Hebraicos y Sefardíes, Año 67, Nº. 2, págs. 63-282: http://sefarad.revistas.csic.es/index.php/sefarad/article/viewFile/445/543S

Puerta, Beatriz. (29 de marzo de 2017). «La historia de la traducción» Lema Traductores: https://www.lematraductores.com/blog/la-historia-de-la-traduccion/

Temprano, Marina. (4 de octubre de 2013). «El traductor y la historia: La Edad Media». TRAIDLATION: http://traidlation.com/traidlation/el-traductor-y-la-historia-la-edad-media/

1 comentario en “La traducción en la antiguedad”

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