La entrada de hoy es completamente diferente.
Es una reflexión personal sobre mi trabajo como traductor a raíz de una quedada de traductores a la que fui el pasado 22 de junio.
Llevo traduciendo desde 2016 y en mi empresa soy el único traductor en estos momentos. Por este motivo, cuando me enteré de esta traduquedada, me pareció una idea genial ir.
Fui con mucha intriga porque no conocía a nadie y no sabía qué me iba a deparar esta experiencia. Pero al final resultó ser enriquecedora e interesantísima. Como me ha parecido algo tan apoteósico, quería dejar mi reflexión por escrito en mi blog.
Este tipo de eventos siempre me parecen buenos para salir de la zona de confort, descubrir nuevas ideas y formas de ver las cosas. Es lo que tiene hablar con gente a la que no conoces de nada. Además, el hecho de que todos fuéramos traductores nos daba la oportunidad de saber cómo afrontaban la profesión otras personas.
Gracias a la #traduquedadaBCN2018 me di cuenta de que no estoy solo en el mundo y de que, efectivamente, hay mucha gente con las mismas inquietudes, gente a la que le preocupan las mismas cosas que a mí (al menos en el ámbito profesional, lo cual ya es bastante decir).
Evidentemente, cualquiera que busque un poco en las redes sociales puede ver lo que otros comentan. De hecho, ya seguía a través de Twitter y de algunos blogs a varias de las personas que estaban en aquella quedada, lo cual resultó un ejercicio bastante curioso de desvirtualización. En un mundo en el que estamos tan acostumbrados a las relaciones por Internet, agradezco haberme encontrado con personas deseosas de hablar y de oír hablar de temas de interés para todos.
Pero no solo hablo de gente que se dedica a la misma profesión. El viernes conocí a muchas personas que venían de diferentes sitios de España y que habían llegado a la ciudad condal para poder sentirse realizadas en el ámbito profesional. Cosas como esta me hacen ver que no soy el único que se ha marchado lejos de casa en busca de mejores oportunidades y con el fin de sentirme realizado en el plano laboral.
Gran parte de los traductores con los que charlé estaban viviendo la experiencia del primer trabajo, como en mi caso, o estaban en sus primeros años de autónomos.
Me encantó compartir conversaciones con todos ellos y darme cuenta de que el mundo es difícil para todos, de que es complicado terminar los estudios y enfrentarse a la realidad laboral con nada más que ilusión, ganas de trabajar y un buen puñado de conocimientos que desean ser aprovechados.
De verdad estoy muy orgulloso de pertenecer a la generación milenial, una generación que tiene la ventaja de estar a caballo entre el universo de nuestros padres y abuelos, donde todo era analógico, y el de las nuevas generaciones, que no conciben la vida sin Internet. En definitiva, una generación capaz de hacerse a sí misma, independiente y con recursos para conseguir lo que se propone poco a poco y con esfuerzo.
Pero si algo fue enriquecedor en este encuentro es que no solo había gente de una generación, sino que también pudimos hablar con traductores que tenían una amplísima experiencia.
Me encantó escuchar anécdotas y vivencias de personalidades que se han labrado su vida a lo largo de los años. Se mostraron atentos escuchándonos, interesándose por nosotros y contándonos cómo ha cambiado todo. La unión entre generaciones, el aprender los unos de los otros es lo que al final da lugar a las mejores ideas y posibilita el progreso.
La #traduquedadaBCN2018 fue una experiencia maravillosa tanto a nivel personal como profesional. Desde aquí aprovecho para dar las gracias a todos los que estuvieron presentes y a los organizadores. ¡Ojalá una segunda quedada dentro de unos meses!
