La traducción de los títulos de las obras de arte

Aún no sé cómo, pero curioseando por Internet llegué a dar con un artículo titulado “Tendencias actuales en la traducción de títulos de obras de arte plástico”, escrito por Mª Luisa Rodríguez.

Como siempre me ha interesado mucho el arte, pensé que sería una buena ocasión para publicar algo un poco diferente en mi blog, aunque no sea en absoluto un experto en este ámbito.

Como la autora bien señala en el artículo, una de las cosas que más hay que tener en cuenta es que la traducción de un título no solo implica la traducción de un código a otro, sino que se trata de un código subordinado a otro elemento, es decir, a la obra de arte y, por ende, a sus características y a lo que esta quiere transmitir.

De ahí que cite algunos ejemplos tan llamativos como el de La libertad guiando al pueblo, pues el título nos ayuda a comprender el concepto de la obra y forman una unidad.

La libertad guiando al pueblo

Además, según el mismo artículo, cuando un traductor traduce arte, se encuentra ante un texto que se sitúa dentro de un marco espaciotemporal muy específico, ya que los autores publican de acuerdo con sus experiencias. Es por eso que este profesional se tiene que encargar de traducir CULTURA y es tan importante tener en cuenta lo que se conoce como el giro cultural de la traducción. De hecho, soy fan de la siguiente metáfora:

Los títulos de las obras de arte son la última muñeca de una gran matrioska cultural, que reflejan, en escala, los atributos de ésta (p. 288).

Por otra parte, puesto que el arte pretende crear una reacción en la persona que está ante él, el traductor es un primer receptor y debe conseguir transmitir esa misma sensación a otra cultura. Vaya, que es uno de los ejercicios más duros de transcreación que puede haber.

Tras esto, Rodríguez nos habla de que en algunas ocasiones las obras de arte ya cuentan con una traducción consagrada, en otras no se ha realizado o a veces encontramos el original y la traducción entre paréntesis. De hecho, la autora no se olvida de indicar que, en la actualidad, muchos artistas titulan sus obras únicamente en inglés por motivos comerciales.

Tras exponer brevemente los aspectos que más interesantes me han parecido de este artículo, quería decir que coincido con Rodríguez en la necesidad de traducir los títulos de las obras de arte, debido a que, si no tenemos ese dato, el receptor está perdiendo información para recibir y sentir la obra en cuestión.

De este modo, volviendo al ejemplo que hemos visto antes, si no supiéramos que en el cuadro La libertad guiando al pueblo es en verdad la libertad la que aparece en primer plano, ¿cuántas posibles interpretaciones imprecisas podría tener la obra?

En ocasiones, el autor es bastante escueto con el título de su obra. Se me viene a la mente La Gioconda. Esta brevedad y concisión es lo que hace especial a esta imagen, pues no sabemos si sonríe, si está triste o si su expresión es otra y el título no nos ayuda a resolver esta duda.

Sin embargo, en otros casos como El Grito, de Munch, se nos quiere recalcar el gesto y la atención no se desvía de ahí ni siquiera con su nombre. Este hecho es aún más importante cuando se trata de arte conceptual:

Las obras de arte conceptual son el caso más extremo de traducción total, puesto que las palabras no representan sólo una metáfora del arte sino su verdadera esencia, por lo que la traducción adquiere una importancia vital y el efecto que producen estos trabajos en el público receptor depende casi exclusivamente del traductor (Pozo, 2013, p. 130).

Por poner un ejemplo de esto, se me viene a la mente La esperanza del navegante, de Joan Miró, obra inaccesible de no ser por su título.

Teniendo en cuenta todo lo dicho, ¿puede un traductor hacer el trasvase cultural que requiere este tipo de traducción?

En teoría, como profesional que es debería llegar a una solución aceptable. Lo que pasa es que muchas veces es difícil transmitir una referencia cultural a una sociedad diferente sin que se pierdan matices. Ahí es donde reside la fuerza de todos los ejemplos que se han expuesto en los últimos párrafos.

En cualquier caso, Vélez nos habla de un aspecto muy importante sobre el título y, en el caso de que finalmente, la decisión sea la de traducirlo, deberíamos tener en cuenta lo siguiente:

Idealmente el título debería describir en pocas palabras la parte esencial de la obra, ser una especie de imán que atrae al espectador y lo obliga a mirarla con detenimiento, lo mete en ella, lo lleva a comprarla o a desearla. Puede ser breve o extenso, pero es preferible que sea breve y contundente; así es más fácil de recordar. Puede ser humorístico, poseer gracia, o ser enigmático, puede ser osado, irrespetuoso, desafiante, o ser elegante y bello, o repugnante y feo como la misma obra que describe.

Lo que no debemos olvidar es que prácticamente toda decisión que sea coherente y esté fundamentada tiene sentido y será válida. Eso implica que el hecho de no traducir es también una forma de traducción.

Me gustaría terminar este post con una anécdota divertida que aparece en la serie Glow.

Ruth, la protagonista, está observando una obra de arte adquirida por el millonario Bash. La obra de arte consiste en un letrero de neón en el que se puede ver precisamente esta palabra en inglés. De repente, otro de los personajes suelta una irónica frase que viene a decir que es fantástico que el propio arte te diga lo que es.

Aquí os dejo con la imagen y espero que os haya gustado este post un tanto diferente.Glow art neon

Referencias:

Rodríguez Muñoz, Mª Luisa. (2009). “Tendencias actuales en la traducción de títulos de obras de arte plástico”. Entre Culturas, 1, 285-299.

Pozo López, José Manuel. (2013). “Exotización, domesticación y nivelación en la traducción de obras lierarias y de títulos de obras de arte plástico”. Diversité et Identité Culturelle en Europe, X (1), p. 127-134.

Vélez, Ana Cristina. (28 de septiembre de 2014). El título en la obra de arte. El Espectador. Recuperado de http://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/el-titulo-en-la-obra-de-arte.

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